jueves 12 de marzo de 2009

Sonata para perder el tiempo.

Un inestable mental, creo que eso soy, un necesitado que se descompone ante cualquier situación que no controle, que cambia completamente de postura afectiva, dependiendo de la persona que se le pare enfrente. Pero hay un ancla en mí, ese conjunto de información que ha provocado un desapego, una irresponsabilidad y una inmoralidad naturales, no impostadas ni adoptadas por convicción, sino un simple resultado que se refleja en mi comportamiento. Y no digan que estoy siendo reiterativo. Me importa dejarlo claro.

¿Qué es más importante: el original desborde creativo o un frío y calculado trabajo para lograr una gran obra? ¿Importa más el resultado para la posteridad, o la satisfacción que obtendrá en artista por su realización? Después de todo es la vida del artista, y eso es todo lo que él tiene: la sensación experimentada, su única oportunidad real para gozar con lo que haga. La posteridad es tan sólo una fantasía y lo que en realidad cuenta para él son las conexiones cerebrales placenteras, que logre coleccionar.

Saco de quicio a la gente. Lo sé. Yo me soporto porque no me queda otra opción, o tal vez esa sea la causa por la que me enajeno, canjeo mi identidad por la de los personajes y me nace hacer esta serie de locuras, pero no esos desvaríos torpes que algunos copian de grandes personalidades, como bailar borracho en orgías o dispararle a la pareja en la puerta del vecino. Por eso, por no soportarme, me es tan importante sentirme acompañado, alguien que me hable de sí y aleje al "mí" que tan empalagoso y desbordante de amabilidad, cariño, seducción, sensible a que los demás lo desaprueben o lo abandonen, es. La cama es un buen lugar para esto. Sólo necesito sentirme atraído por la persona indicada, pero también sirve la Internet, los mensajes por celular, antes eran las llamadas telefónicas, pero ya no es así desde que me sucedió lo del oído izquierdo. El asunto es que no puedo parar de necesitar. Al encontrarme con otra persona, ese tipo de personas que nada más aparecen unas cuantas veces en la vida, la considero parte de mí y me parece extraño que se marchen. Y obvio tienen que irse, y lo hacen abrumadas, y claro que es así, porque los trato tan bien como me gustaría que me trataran a mí, y con tanta furia por no ser "ellos" "yo", ni "yo" "ellos".

Pero no hay prisa por obtener conexiones cerebrales ni con dejarse de sentir abandonado. No hay que obligar nada: todo sucede poco a poco. A mí me gustan las palomitas acarameladas, el éxtasis, la falta de luz cuando se acerca la lluvia, pero sólo obtengo esto en la oportunidad que se presenta. Seguro se presentarán más momentos parecidos y no veo por qué forzar las cosas. Lo mismo es con las malas experiencias, de las que no he podido ni podré huir.

Creo que es un buen día para emborracharme.

lunes 23 de febrero de 2009

Censura SEP beso homosexual en práctica escénica del CENART.

El sábado acudí al teatro Raúl Flores Canelo para presenciar las prácticas de los estudiantes en la licenciatura de danza contemporánea. Como siempre, el nivel fue excelente y las cosas fueron muy similares a lo que puede verse año con año, con la única diferencia de que, en esta ocasión, en la última de las cuatro coreografías, dos hombres se daban un pequeño beso de pollito, casi al final de la obra. Las funciones fueron un deleite y yo, como fiel seguidor del trabajo de mi pareja, asistí de nuevo el domingo para contar con una segunda lectura de este magnifico trabajo. Me sorprendí al darme cuenta de que en el momento en el que se daban el pequeño beso los dos hombres, las luces del escenario bajaron su intensidad. Pensé que tal vez había sido decisión de la coreógrafa, pero un par de horas después supe que no fue así. En la función anterior, habían asistido inspectores de la SEP y se habían molestado debido a que la obra "promovía la homosexualidad, habiendo niños presentes"... Tal vez la Secretaría de Educación Pública no esté enterada de que en países como Canadá, desde la primaria, a los niños se les habla sobre las distintas orientaciones sexuales que existen; tal vez nunca hayan viajado y no sean conscientes de que en países como Alemania hay comerciales en la televisión de hombres besándose y que el alcalde de Berlín se declaró poco antes de ganar las elecciones como abiertamente homosexual; tal vez ignoren que actuando de esta manera promueven la discriminación y la desigualdad; tal vez sólo se trate de algunos cuantos elementos de la SEP, que nunca han tenido la oportunidad de escuchar la información que proveen los especialistas en el tema. Lo cierto es que esta coreografía trasgresora, autentica y de vasta calidad artística, se vio afectada ante el poco criterio de estos sujetos.

La obra se vuelve a presentar el próximo jueves y viernes, a las once A. M., y sábado y domingo, a mediodía.

jueves 25 de diciembre de 2008

¿Por qué tanta homofóbia, eh?

En la página de mi amigo Cafeína, el mismo Cafeína abrió una discusión, cuestionando por qué tanta homofóbia; la discución siguió; yo corte y copié lo que consideré significativo y se los traje:

Cafeína.

Experimentos sencillos, al alcance de cualquier infradotado, pueden ser realizados en Internet en páginas para deficientes mentales como Hi5, Facebook y otras.Cuando alguien (de los otros, no yo) se siente insultado, apela inmediatamente al insulto homófobo: maricón, puto, trolo, putaso...¿Por qué es así, eh? No entremos en la burrada del psicoanálisis y las teorías pitecantropus de la psicología que me importan un cuete.Quiero saber la verdad y no interpretaciones pendejas pseudo intelectuales con un barniz psicológico.¿Por qué la gente es tan homófoba, eh?

Garvas:

Yo lo veo muy sencillo: el ser humano es esclavo de sus genes y los genes los obligan a comportarse de maneras que preservan la especie. Por eso discriminan a emos, gays, libres pensadores, ermitaños, etc.: todos ellos atentan en contra de su santísima preservación de especie.

- Mira, no tiene hijos, ni obligaciones, ni deudas, ni se abandona a sí para criar a otro ser que se abandonará a sí en un futuro.

Por eso, el último truco de marketing de cristo fue el código da vinci. Era lo único que le faltaba al marica ése para ser perfecto ante el criterio y el juicio de los demás: haberse reproducido.

Los insultos, un error de los genes, que hacen pensar al individuo que segregando van a corregir a las ovejas descarriadas. Y bueno, funciona en cierto modo: Juanga tuvo hijos, pero sigue siendo Juanga.

Cafeína:

Discrepo en la cuestión de Cristo, Garvas.El mismo recurso proletario de anexarle una descendencia a Cristo ya había sido ensayado en la última tentación de él; con mal resultado, por cierto; no es una novedad del Código Da Vinci.

Del resto no tengo idea, yo de genética no sé un carajo, les creo si ustedes lo dicen. Sí, sí, ¿por qué no habría de creerles? ¿Acaso son ustedes los mismos de la Página Celeste? A esos no les creo nada.

Garvas

A mí lo que más me gusta es el odio generalizado y socialmente aceptado hacia los pederastas. Los hamburguesitos quieren que sintamos lástima por sus hijos por ser posibles víctimas de estos monstruos, pero estos mismos hamburguesitos están despreocupados por el resto del mundo, llámese africanos, iraquíes, guatemaltecos (jojo). Sí, los pederastas son la manera socialmente aceptada de desahogar nuestro resentimiento e impulsos primitivos.

Ya ven cómo, con lo anterior, su genética los obligo a odiar al puto este que no va a tener hijos y puede opinar mierda sobre sus sagrados niños.

Barrabasin

Jo,Jo,Jo, "hamburguesito" ta guena la expresión, aunque es propia de maricón hijo de hamburguesito que se echa al cuello un trapo de intifada y chapita de barbitas libertario...

Garvas

Sí, ese truco de llamar hamburguesito al que los llama así, ya me la había querido aplicar mi mujer Fernanda Piedras... claro, para que dejara de llamarlos hamburguesitos y ya no se sintieran así. El asunto es éste, en el libro "El gen egoísta", que todos ustedes leyeron, el autor explica que los genes realizan una serie de estrategias para preservar la especie. Pero en el último capítulo dice que no sólo los genes quieren preservarse sino incluso las ideas. La idea más apta será la que subsista y la que llegue a más gente. El código da vinci es una idea muy apta para nuestra época. La religión ha sido una idea muy adaptable; el comunismo dio sus pataditas. Bueno, estas ideas son extensiones del resultado de la evolución de los genes y lo que hace preservar a ciertos individuos de algunas comunidades. No es casualidad que a casi un siglo del odio por los judíos (que sí han sido un peligro para el resto de la especie), la gente odie de la misma manera a los putos y a los emos, o los hamburguesitos vivan en contra de la prole: las ideas se pelean entre sí para preservarse. Cafeina, Guy, Garvas, Juanromero, Jose Julio, Aristidemo, Santacannabis, todos ellos luchan por imponer su idea, movidos por la carga genética que los ha construido. El insulto es eso: señalar que no eres parte de esa masa o de la idea más apta:

* Qué ñoño, no estás a la moda.
* Qué horror, no has leído ese libro.
* Uf, no tiene trabajo.
* Fuchila, es solterona.
Etc.

Ahí está. Cualquier otra duda, voy a estar en el baño trasero haciendo trabajos orales.

Guy

¿Imponer ideas, Garvas?Por eso insisto con lo de la competencia. Si vas a decirle a alguien "eres un inútil, no tienes trabajo" siendo que tú lo tienes (al trabajo, claro) y que no padeces las necesidades que supuestamente sí padece el otro, esto no es competencia; es un odio al pedo o una falta de aceptación que no pasa por imponer tus ideas sino tus paranoias. De hecho, el tipo "inútil, fracasado, sin trabajo, etc." es más digno de compasión que de una agresión. Hay que diferenciar. Garvas

Garvas

El asunto es así. Los psicólogos y estudiosos de la conducta no se han cansado de repetir que los individuos nacen en tabula rasa, en cero, sin nada más que algunos rasgos de temperamento. Ese es su error. Aparte de que ese niño viene predispuesto a ser sensible a la información que le proveerán sus familiares, toda su vida vivirá rodeado de una serie de estímulos sutiles que lo obligarán a adoptar conductas. Piensen en un hermano mayor, que sin pensar en nada le dice al hermano menor: "eso que dices es una taradez, la literatura es para ñoños". Tal vez el hermano menor no le haga caso, pero lo más probable es que, por lo menos, para evitarse problemas,el niño aprenda a disimular su gusto por la literatura.

¿Por qué hace esto el hermano mayor? Porque de alguna manera está previniendo al más joven del mundo exterior; él cuerpo, nuestro organismo, piensa que rechazar la conducta "inadecuada" del otro pobre sujeto, es lo más apropiado, para que después no sea "rechazado" o sufra una severa inadaptación. Pero resulta que ser idiota es ser parte de la media y es una manera de estar bien adaptado, pero la especie (los genes) saben que esto no los puede ayudar a evolucionar. Es en ese momento que las grandes ideas se imponen y se van contagiando como virus: el Estado, la monogamia, la familia, la aspiración social, todas comenzaron con una o dos personas, pero esa una o dos personas eran el reflejo del resto de la especie. Decir que uno no debe imponerse, ya es imponerse. Sólo se necesita una idea tan buena y apta para las masas, que se esparcirá y será una manera abstracta de nuestros genes de prevalecer (de ahí viene nuestro deseo de trascender). Una lucha de genes, donde algunos piensan que han descubierto lo que no debe ser, llámese homosexual, llámese crítico, llámese socialista. La idea puede ser muy noble, pero difícilmente una idea noble se antepone al resto de ideas taradas. El alegato en contra del matrimonio gay es que pone en riesgo la existencia de la familia. No hay inteligencia en esto, tan siquiera no la civilizada.

Gen egoísta, que sólo le importa mantenerse a sí mismo, sin importar todo lo que suceda a su alrededor, ni que tanta belleza se esté perdiendo.

Y si me preguntan por qué el socialismo o el capitalismo no funcionó, en esas épocas que su fin era preservar el bien de todos, la respuesta es simple: el bienestar de todos no es una buena idea para la preservación de especie.

Cafeína

No entendí lo último, socialismo o capitalismo, ¿ambos?

No estoy de acuerdo (ya parece ser una constante) en que el socialismo no haya funcionado porque busque el bienestar de todos, ¿hubo o hay algún socialismo donde realmente se llegó al bienestar de todos? Para decir categóricamente que fracasó por esa razón, primero deberíamos decir, por ejemplo, que en Rusia se alcanzó el bienestar para todos. Cosa tan lejos de la realidad como en Cuba o China.Yo creo que realmente no funciona porque olvida que uno de los bienestares (ya que estamos usando esta palabra) es la libertad, y esa, no existe en el marxismo/socialismo/comunismo/pongasunombrismo/etceterismo.

No tengo ganas de esta discusión sobre el socialismo, pero ya que pasé, vi luz y entré.

Garvas

Claro, he escuchado y leído antes a mucha gente que dice que el socialismo o comunismo no existe, porque nunca pudo aplicarse como lo que se planteó en un inicio. ¿Y por qué nunca se pudo aplicar cómo se planteó en un inicio? Le cuento un experimento de animales. Los biologicistas, aturdidos por las ideas que brindaban los genetistas, se preguntaron: "Si todo es lucha de genes, qué hace que un individuo sea altruista". Se juntaron con los etólogos y les preguntaron si existían muestras de altruismo entre los animales. La respuesta era obvia, claro que los animales llegaban a ser altruistas. Y lo son entre mayor sea la carga genética del individuo por el que van a ofrecer ese sacrificio. Un hijo sería alguien por el que esos animales harían un mayor grado de sacrificio, un hijo es 50% parte de sus genes, un nieto 25%, un tataranieto 12.5%, etc. y entre más se aleje, no sólo va a ser menor la necesidad de sacrificio, sino incluso va a ser mayor el desagrado. Por eso uno se pone nervioso cuando llega un individuo de características físicas totalmente diferentes.

Cuando en el socialismo se hablaba de que todos percibiéramos a los otros como iguales, iba en contra de la genética. Claro que los gobernantes preferían a sus hijos y repugnaban a los diferentes, por mucho que su razón quisiera decirles otra cosa. Por eso lo que existe en China es otra cosa, pero no es una mirada igualitaria hacia todos. Es una cúpula de personas interesadas en mantener a su clase gobernante (sus genes) en el poder y a salvo.

¿Qué sucede en el capitalismo? Los mismos biologicistas se preguntaban por qué tanta indiferencia al padecer ajeno. Ya tenían unas respuestas, pero fue entonces cuando entraron los antropólogos a explicar la situación del ser humano. Éstos contradijeron a los psicoanalistas y afirmaron que el ser humano trae algunas conductas predispuestas, que son fáciles de identificar en las diferencias de género. Si todos naciéramos en tabula rasa, como dicen algunos psicólogos, no habría estas diferencias de género, que todos conocemos (las hombres manejan mejor, las mujeres pueden hacer varias cosas a la vez, etc.).

Los antropólogos, entendiendo esto, dijeron que el hombre como lo conocemos, como homo sapiens, solo tenía 50 mil años, y que sus antepasados tenían 50 millones de años. En estos 50 millones de años, el capital (alimento) era muy reducido. Si había dos pollos y éramos cinco, y yo me comía los dos pollos, los demás se quedaban en cero. Lo mismo era con las mujeres. Si había dos mujeres y éramos cinco, sólo los más fuertes iban a obtener su parte de ganancia (aquí habrá empezado la putez -jojo-). Esto pasó durante millones de años, en contra de los 50 mil añitos que el ser humano ha sido "evolucionado". ¿Qué sucede en el capitalismo, o en cualquier sociedad? El ser humano sigue estando programado para juntar lo más que pueda. Repartirlo sería humanitario, pero no lógico para la evolución. Nuestros genes dicen: "¿por qué dejar que los débiles o no aptos sobrevivan?"

Tal vez en el socialismo, donde se pudiera controlar este impulso avaro, funcionaría y alcanzaría el capital para todos, y seríamos un gran planeta con miles de millones en armonía. Pero lo más probable es que sigamos en la misma posición de hace millones de años, donde, si dejo que el otro sobreviva, tal vez le quite la comida a mis descendientes.

Caray, esto lo iba a redactar en un ensayo llamado razón (civilización) vs intuición(genética), donde demostraba cómo el ser humano la caga más entre más quiera imponer la inteligencia a su naturaleza, pero también explicaba por qué era necesario seguir intentándolo

miércoles 10 de diciembre de 2008

Necesidad o aspiración (autobiografía y ficción autobiográfica).

Como sé que son fans de lo que sucede en mi escuela y Garvas quiere que lo escriba, les explico eso de escribir por necesidad o por aspiración. El día de ayer dio clase una doctora en letras romances, investigadora filológica de la UNAM, ensayista y autora de su primera novela, que nos habló sobre autobiografía y ficción autobiográfica.

Pero antes de contarles sobre lo que pasó, haré una diferencia entre eso de escribir por la necesidad de “soy un alma atormentada, que no tiene dinero para pagarme la psicoterapia y por eso aburro a los demás con mis quejas”, a la necesidad de escribir sin importar las circunstancias y sin algún propósito como medula principal de motivación.

Advertencia: Santacannabis y Aristidemo, ya sé que ustedes piensan que lo que ustedes ya saben o han experimentado, ya lo saben los demás, pero debo ser considerado con el resto.

Los libros importantes fueron escritos por personas que no tuvieron una mayor opción. Tenemos a un Victor-Hugo, que aun siendo rico y famoso abogado, decide pasar horas escribiendo, a un Kafka que sus precarias circunstancias invitaban a que gastara su tiempo buscando un mejor trabajo, un Cervantes completamente convencido de que nadie vería su obra, un Chejov..., en fin, son tantos casos.

¿Qué es la aspiración? Bueno, yo diferencio la aspiración de la necesidad, cuando una imposición social motiva al individuo a escribir. Digamos, el niño que en un futuro va a querer ser escritor por aspiración, tal vez sufrió un trauma a los ocho años: se dio cuenta de que su madre veía como un fracasado a su padre (aunque no entendía ni nunca entendió bien el significado de esa palabra) y el padre le dijo: “tú si tienes que ser alguien en la vida”. Entonces, a lo que más teme el hijo es ser un don nadie, un fracasado (o lo que él entendió como fracaso) y como no es agraciado en los deportes ni guapo para ser actor, decide que la literatura es aquello que lo puede hacer famoso, al fin que le gusta mucho leer. Pero sabe que la literatura no es cualquier cosa, que debe estudiar y leer mucho más para escribir (o eso cree), se hace de títulos e investiga cómo le hicieron los grandes, para escribir sus obras maestras y romper con las reglas. “Uno debe conocer las reglas para romperlas”, repite en conferencias y en sus clases. A este punto, podemos ver varias de sus aspiraciones: uno, quiere un lugar en la sociedad; dos, quiere pertenecer a un grupo; tres, desea romper reglas para ser recordado, pero principalmente hace las cosas por el miedo de ser un don nadie como su padre. Con el tiempo recolecta testimonios de autores reconocidos que aseguraron que ellos habían escrito por el prestigio, la fama o la necesidad, y se da cuenta de que esos autores nada más querían hacerse los interesantes al decir esto y que él no va a poder cumplir sus sueños. Y dándose cuenta de todo esto, qué hace con tantos estudios y teoría literaria. Se vuelve crítico, o un académico cuyas obras son olvidadas, pero subsiste mamando del sistema o de “su trayectoria”, o escribe ensayos de teoría literaria (jo-jo-jo).

¿Pero por qué su plan no resultó y por qué su trabajo de crítico nunca le sirve para opinar sobre los grandes libros de su tiempo? Es simple, este individuo, que a esta altura del ensayo nos causa un poco de ternura y compasión, aprendió a hacer otras cosas que otros descubrieron por error y se las impuso en su proceso creativo como regla absoluta. No se percata de que esos autores que él admira, nunca dijeron: “Es hora de crear la próxima obra maestra”, por lo menos no antes de saber que ya la tenían entre las manos y que, más que un sueño de fama y fortuna, era una tragedia irrevocable, que afectaría su vida personal. Pero nuestro ahora desilusionado personaje, sabe mucho sobre esos libros e inconscientemente quiere que nadie logre lo que él no logró. Todos los libros deberían ser como aquellos en los que tanto tiempo gastó aprendiendo y analizando. No deja de comparar a los demás con sus amados clásicos y tiene razón: la mayoría de libros que leerá la gente común, no se comparan con lo que él ha vivido entre letras. Y cuando le llega –porque casi nunca les llega- un libro genial a las manos, no es nada parecido a lo que él comprende como arte.

A esta altura, algunos preguntarán, sabiendo la respuesta de antemano: ¿pero qué, todo aquel que necesita escribir, que no controla este impulso, hace cosas geniales? Afortunadamente no es así. Para eso hacen falta características de nacimiento relacionadas a la lucidez, la memoria, el intelecto, que coincidan con historia de vida y sensibilidad, y que encajen todas entre sí, y que no todos los que necesitan escribir tienen. Pero la obra de estos que escriben sin fines sociales, será mucho más honesta que aquél que aspiraba un estatus, y puede ser compartida con semejantes en igualdad de circunstancias, y ser disfrutada. En este momento, nosotros, sujetos que aspiramos y creemos que lo que importa es que nos lean mucho y eso nos dé un estatus social, decimos: “Pues qué chiste: sin gloria, fotografías, entrevistas en el canal nacional”. Sí, así es, sin nada de eso, porque así es el arte, para unos cuantos que nos rodean, ya después nadie sabe lo que sucederá, o si le sucede ni sabe si en realidad su obra trascenderá, como le está sucediendo a las figuras literarias actuales y de renombre (Fuentes, Monsivaís, etc). Y aquél cuya obra cambió la literatura y por accidente se topó con la gloria, fotografías y entrevistas, no vive esto como lo viviría una persona normal que corre esa suerte.

La doctora francesa nos termina de explicar sobre la intención o no-intención de los autores de confundirnos con su vida personal y la ficción. La escucho y sé que cuando uno escribe en serio no piensa en nada de eso. Ella no tiene idea de lo que habla y ha idealizado a los escritores como grandes estrategas de la técnica y la innovación. Yo regreso a casa y escribo esto que se quedara publicado con el resto de textos que un par de personas leerán.

lunes 1 de diciembre de 2008

El presidente Calderón en el concierto de Madonna.

Cuando hice burla en mi msn por la asistencia de Calderón al concierto de Madona, más de uno se me aventó por no permitirle al presidente “un respiro”. Uno se para en una clínica del seguro social y hay, no docenas, no cientos, sino miles de personas que van a morir por falta de tratamiento y exámenes adecuados. Tenemos quince millones de indígenas en condiciones de pobreza extrema. La delincuencia, el narcotráfico y la corrupción son prácticamente batallas perdidas. La educación, la cultura y la salud de los mexicanos es asunto de gravedad y emergencia. Por otro lado, tenemos a un grupo de multimillonarios, que en alianza a los gobiernos anteriores, consiguieron manejar los grandes capitales del país y no ofrecen estabilidad social y económica a la nación. ¿Qué hace Calderón ante esta situación? Va al concierto de Madona y el mensaje que manda es que la batalla está tan perdida, que es mejor divertirse. Por supuesto, la vieja y conocida manera de defenderse de mi crítica, fue llamarme comunista o seguidor de López Obrador.
Calderón no fue a una de las óperas de Bellas Artes, y tal vez iguale el record de Fox de no ir una sola vez en su sexenio a Bellas Artes. Podemos hacer cuentas de cuánto costaron los boletos de los guardaespaldas de Calderón, el despliegue de seguridad, etc. El viejo argumento es que un jefe de estado debe ostentar solidez y riqueza, así como incluso Fidel Castro y los líderes Chinos tienen sus propios aviones, autos y casas de lujo.
¿Es la naturaleza humana gastar recursos siendo completamente insensible a la pobreza ajena? Al parecer así es. Lo es en la clase alta, también en la clase media y lo sería en la clase baja, si tuvieran la oportunidad de demostrarlo. Aparentemente, esto es una conducta biológicamente heredada por millones de años. Sin embargo, el ser humano se sigue vanagloriando de su razón y su civilización. Esto es una absoluta mentira en las masas. ¿Muestra de ello? El respiro del presidente, el avión de Fidel Castro, los lujos “innecesarios” de los norteamericanos. Ahora no faltará el que me llame ingenuo por pensar que Calderón no sólo está despreocupado de la situación general del país, sino que incluso, con tal de asegurar su estatus social, va a dejar peor al país. Es algo... natural.
Me imagino lo irracional que debe parecerle a muchos mi queja contra la conducta del presidente, ya que ellos seguramente habrían hecho exactamente lo mismo. Yo hubiera preferido que se salvaran unos cientos de vidas con ese presupuesto que se usó para los antojos del Gobernante, y prefiero que la clase media y sus críos me llamen comunista por opinar de esta manera, que pensar que Calderón lo amerita sin que se le critique.
¿Al menos será fan?

martes 25 de noviembre de 2008

Réquiem por un virus.

Han pasado nueve años desde que falleciste, mamá. Alguien me dijo que después de cierto tiempo tu muerte debería estar superada o si no mi cuerpo iba a comenzar a deteriorarse. Supongo que el deterioro ya inició, porque hace algunos meses me quedé sordo del oído izquierdo, la dermatitis se extiende de mis párpados hasta mi frente y últimamente tengo la irracional idea de cortarme el brazo izquierdo, que no deja de dolerme sin ninguna explicación médica.

Hoy en la mañana traté de distraerme esculpiendo un trozo de madera, pero no lo logré. Dejé el trozo apenas tallado encima de la chimenea y guardé la gubia en el bolsillo de mi pantalón. Salí de casa, nuestra antigua casa, con la excusa de buscar a mi padre, tal vez movido por esa culpa de dejarlo solo en tu aniversario o tal vez simplemente porque quería compañía. De cualquier manera no llegué con él. En el metro vi a un adolescente trigueño que vestía una camisa sin mangas. Me vio de reojo y yo le sonreí. Él volteó la mirada. Me acerqué para saludarlo y él respondió indiferente algo que no distinguí a escuchar. Insistí en abordarlo, decirle otra cosa, y sin poder evitarlo me sentí culpable al darme cuenta de que aquel lugar fue el mismo donde conocí a Búho.

El adolescente de la camisa sin mangas no habló más dentro del metro. Se quedó callado hasta que las puertas del vagón se abrieron y bajó. Lo seguí y le pregunté si quería tomar algo. Estuvo a punto de rehusarse pero no se lo permití. Le hablé con familiaridad y lo invité a tomar un café. Al fin sonrió un poco.

Alex, el nombre del adolescente con camisa sin mangas era Alex. No hay manera de compararlo con Búho, pero Búho no estaba en ese momento que tanto lo necesitaba. Y es que en estos nueve años, madre, no me había afectado tanto tu muerte. Bien sabes que el animo no se puede predecir, y uno no puede estar preparado para las emociones y recuerdos que en cualquier momento se presentan.

Con Alex no platiqué nada inusual. Fue lo que esperaba. Una charla de adolescente, mentiras, apego y una extraña compasión de mí parte hacia él. Por alguna razón me relacionó con los que mal les va. Sé detectarlos y algo sucede en mí que de inmediato me vinculo. Como con Jorge. Él hacia cualquier cosa para alejarse de la realidad, desde que lo conocí en la calle y se portó amable conmigo. De ahí lo busqué hasta el cansancio, me fue indiferente darme cuenta de ganaba dinero al irse con cualquiera de los hombres de las oficinas cercanas. No le reproché nada ni me entrometí en sus asuntos. Creo que lo comprendía.

A Jorge lo dejé de ver por unos seis meses. No recuerdo ahora la razón, pero cuando hablé a su casa su hermana me dijo que había muerto. De algún modo Jorge se las arregló para que nadie, ni siquiera ella, se enterara de lo que tenía. Al final de la enfermedad lo atacó un cáncer que se expandió con rapidez. El médico dijo -según la hermana de Jorge- que aunque su agonía fue dolorosa, a él le preocupó mucho que nadie lo viera en esas condiciones.

Al adolescente le conté sobre Jorge. Imagino que lo hice tratando de eximirme o de prevenirle de alguna manera. No me escuchó y debí suponer que ésa no era mi obligación. Tomamos café y hablamos trivialidades hasta hartarnos. Cuando pagué la cuenta me dijo que no había nadie en su casa.

El lugar donde vivía era de un piso y se encontraba en la periferias. En el momento que entramos él cerró la puerta y me miró al rostro, analizándolo, como si buscara algo, como si quisiera predecir mi reacción. Su indiferencia había cambiado por una expresión mucho menos endurecida, casi de ternura, y sus ojos tristes me miraban con algo cariño. Acarició mi hombro y yo le correspondí.

Rato después me apuntó su número telefónico mientras yo me vestía. Yo anoté el mío, fingiendo una falsa amabilidad. Necesitaba marcharme, y él, entre más distanciado me sentía, más se obstinaba en acercarse. Me pidió que lo abrazara y me rehusé. Volvió a insistir y perdí el control. Salí de mis cabales y lo empujé con brusquedad. Creí que al estar a su lado iba a dejar de sentir esta tristeza, olvidar tantos recuerdos que vienen a mi mente, una y otra vez, tantas horas que compartí contigo, madre, envolviéndome en ese universo fantasioso del que era cómplice, rescatándote cada noche de tu embriaguez y desconcertado por esos impredecibles arranques de ira que tenías. Pero no puedo olvidar.

Salí de prisa de aquel lugar. El problema de agotar los recursos, es que uno inventa maneras cada vez menos razonables y lógicas de distraerse. Fui hacia zona rosa para buscar a otro chico llamado Saúl. Él no es mi amigo y nunca lo conocí bien. Yo era amigo de su hermano Ernesto... Ahora que me viene la imagen del cuerpo débil y el rostro pálido de Ernesto, recuerdo la razón por la que me distancié de Jorge. Yo estaba cansado de él, de su personalidad, agotado por seguirle ese ritmo interminable de enajenación, noches de vergüenza, en las que apenas estabamos conscientes de lo que hacíamos. Fue entonces que conocí a Ernesto y su amistad me sirvió para alejarme de Jorge. Sentí que con él, con Ernesto, si podría tener alguna influencia positiva. Y aunque también se iba con hombres por dinero, se metía coca y era menor, se controlaba mucho más. Ernesto solía contar historias increibles y fantasiosas, y en ese sentido me recordaba tanto a ti, madre, a los tiempos en casa, cuando tú y yo éramos una familia y pasábamos horas en el jardín, escuchando anécdotas que jamás sucedieron, pero que tú creías verdaderas. Ernesto en sus buenos días me platicaba de viajes a Australia, a Europa, amigos que le hacían grandes favores y fiestas con gente importante. En los días malos comenzaba a llorar sin parar y repetía que sentía asco de sí. Yo recordaba cómo pasaba contigo y le decía que pronto pasaría esa sensación, que siempre pasa; él no escuchaba y me pedía que lo ayudara, que le diera algún recurso para sentirse bien... Prefiero recordarlo de la mejor manera, como nos piensa la gente que no nos conoce... La verdad es que la mayoría nos deja de querer igual, justo cuando se enteran de que no somos lo que esperaban. Me alegro que tú jamás supieras de mí, madre. No soportaría que me amaras menos.

Pero hablaba de Ernesto, no de eso.

Ernesto empezó a consumir más y a necesitar más dinero. Lo consiguió robando o vistiéndose con ropa de mujer, para cobrar más. Caminaba por parques con casetas de teléfono. Cada vez que pasaba una patrulla, el disimulaba estar haciendo una llamada. A veces no funcionaba. Lo detenían, a veces me hablaba y no sé cómo yo juntaba el dinero para la multa. Cuando salíamos de la delegación, comíamos algo en la calle y él me contaba alguna otra historia, hablábamos como si nada hubiese sucedido, o se desbordaba por la pena. La última vez me confesó que su madre lo había internado en un psiquiátrico por intento de suicidio, y que había estado inyectándose. Días después me llamó para contarme que se había unido a un grupo de apoyo, que se había mudado a casa de sus tíos “los ricos”, y que había conocido a un tipo inteligente, que no era de la calle. La mañana siguiente lo encontraron ahorcado en un baño de un hotel. La policía determinó que había sido suicidio... Eso tampoco importa ya. Esta idea de buscar a su hermano para obtener respuestas y saber dónde quedaron sus restos, era una manera de distraerme. Hay veces que lo único que se necesita es tiempo, alejarse de los mismos patrones de siempre y dejarse llevar. La diferencia entre la muerte de Jorge y de Ernesto fue de meses, luego regresé al vacío de siempre, ese vacío en el que me quedé desde hace nueve años, pero ahóra más solo que nunca. De no haber conocido a Búho estoy seguro de que habría muerto.

Recorrí las calles de Zona Rosa, repletas de puestos de comida chatarra, de travestidos, de prostitutas, de gente saliendo exhausta de su trabajo. Conozco bien el lugar. Demasiadas sombras de gente y escenas que se mueven con lentitud en mi mente, de tardes grises de suelo húmedo y autos pasando sobre los charcos, sin detenerse. Fui a los callejones de la glorieta, donde están los que inhalan pegamento. Saúl, el hermano de Ernesto, pasa tiempo con los callejeros, pero no estaba ahí. Pregunté que si lo conocían. Ninguno respondió. Ni siquiera me escucharon. Puse unas cuantas monedas en el suelo y me marché.

Sé que no debí haber sobrevivido ante todo lo que he hecho, madre, después de todo lo que me he equivocado, ante tantos excesos y perdido luego de esos pasajes extremos. Tal vez hace años enloquecí, como algunos otros conocidos de los que podría contarte, mas no quiero divagar más, ni describir cómo desperdicié las oportunidades que tuve.

Dejo de recordar y la realidad se presenta ante mí. Por tercera vez en el día me siento culpable. Lamento lo que le hice a Alex. Fui a su casa, sabiendo que no podría detenerme. Al estar conmigo, él no se cuidó y a mí no me importó prevenirlo. Cuando sacié la necesidad y sentía culpa por estar ahí, quiso que lo abrazara, lo empujé y al caer al suelo me monté sobre él. No se veía molesto e incluso me sonrió, como si perdonara mi impulsividad o me siguiera el juego. Saqué la gubia de mi pantalón y en un solo movimiento la clave en su cuello. Él trató de defenderse, pateó en el aire y yo no lo solté hasta que dejó de moverse. Sus ojos brillaron y me miraron sin entender. Pero yo lo estaba salvando. No más intentos ni esperanzas, no más decepciones, no más de todo aquello que no debería pasar. Luego de dejarlo ahí y vagar en la calle, vine a casa y me senté donde antes estaba el jardín, donde te escuché horas y horas platicar de tus mundos que no existían, de verte ahogada en el alcohól o esperar a que me golpearas, hasta que ya no te lo permití, madre. De ahí el cancér te consumió cada vez más.

Sacó el viejo revólver de tu habitación, lo pongo sobre mi sien y me pregunto si sería mejor que muriera... , ¿qué pasaría si permanezco con vida? No hay diferencia entre ahora y el día en que el virus toque su sinfonía final, como lo hizo con Jorge. Sin embargo debe haber algo en mí que dejaste y valga la pena para no fallarle a Búho.

Necesito ese estado de no-necesidad, madre, ese estado en que tu mundo y el mío eran uno, donde la realidad era la que queríamos y no carecíamos de nada... No debiste haber muerto, mujer, no antes de decirme porqué. Debería estar contigo, regresar a tu lado y dejarlo todo. En un par de semanas no tendré un lugar para vivir.

jueves 20 de noviembre de 2008

Lo peor que alguien puede hacer.

Bueno, muchachos, necesito de su ayuda. Quiero saber qué es lo peor que una persona podría hacer. Necesito sus opiniones. No teman. Dejen su comentario anónimo o como quieran, o lo primero que se les ocurra. El ganador obtendrá un gran premio. =)